Sobre el Fondo Capital Semilla “Madrid Emprende Seed Capital” | Loogic Startups

Artículo realizado por Gonzalo Carriazo, experto en venture capital.

La semana pasada escribí en Twitter acerca de esta iniciativa del Ayuntamiento de Madrid, y creo que en parte me equivoqué. La inmediatez entre estímulo y respuesta en Twitter a veces juega malas pasadas, aunque también es verdad que en ella radica buena parte del atractivo de la red social. Ahora que he podido informarme mejor, voy a intentar transmitir una opinión más reposada. No es que sea mucho mejor, pero al menos quiero destacar lo que se hace bien, y señalar claramente lo que aún es susceptible de mejora.

Vamos a empezar por las cosas buenas, que las tiene, y que a día de hoy nos viene muy bien escuchar. En primer lugar, esta iniciativa se ha lanzado, y eso es muy buena noticia. Que el Ayuntamiento de Madrid dé un paso al frente y se decida a ayudar a los emprendedores es algo para tener en cuenta: simplemente la cantidad de trámites que algo así debe necesitar para salir a la luz hace que se valore a sus promotores. Que en vez de despilfarrar el dinero sin criterio alguno, como ocurre en muchas convocatorias de subvenciones, decida amarrar un poco la calidad de los destinatarios mediante el filtro de los inversores, que es gente que se dedica a eso y que, en muchos casos, arriesga su propio dinero, también es buena señal (luego matizaré esto un poco).

Es muy positivo además que en este caso la Administración Pública involucrada se sume al riesgo de la operación. La última iniciativa similar, el programa Emprendedores de Red.es, se basaba en la peregrina idea de prestar el dinero a los gestores de los fondos de capital riesgo para que lo invirtieran en las startups y, en caso de que la cosa fuera mal, ellos (¡los gestores!) respondieran de ese dinero. Lógicamente ya os podéis hacer una idea de la afluencia masiva de fondos para solicitar dichas ayudas… Es decir, si el sector público quiere ayudar aquí, tiene que mojarse y arriesgar su dinero, con las precauciones razonables, claro está.

Hasta aquí la música suena bastante bien. Ahora voy a sacar los defectos, que los tiene, desde dos puntos de vista: primero como inversor, y segundo como contribuyente. Como inversor, ¿qué debería tener el programa para ayudarme de verdad?

Para empezar, una convocatoria abierta. Las empresas necesitan el dinero cuando lo necesitan, hoy, ahora, y no cuando lo dice el Ayuntamiento. Pues parece ser que no: hay que ajustarse a las convocatorias. Además, sea usted de los primeros en pedir las ayudas, que solo tendrá que esperar 6 meses (¡seis!) hasta la resolución. ¿Al final qué es lo que haré? Utilizar las ayudas para ganar participación en las empresas que van mejor, cosa que puedo programar fácilmente, o para intentar salvar las que se me están muriendo, pero no para cerrar nuevas operaciones, a no ser qué Júpiter y Saturno se alineen y me salga una oportunidad justo en el entorno del cierre de una convocatoria.

En segundo lugar, lo de siempre: hace falta menos papeleo, ¡pero mucho menos! Todavía si habláramos de operaciones de millones de euros, entiendo que se pida todo eso, ya que el mismo fondo de venture capital pedirá algo parecido en su due diligence. Pero si hablamos de operaciones de hasta 200.000€, ¡conozco varios business angels que lo firman con mucha más soltura! ¡Qué van a hacer sin tener el certificado de Grupo Sanguíneo del business angel de marras, Dios mío…!

¡Plazo mínimo de permanencia de 4 años! Es, con perdón, completamente absurdo. Si todo va mal, hay matices a esta regla (lógico, ¿quién va a querer mi participación en ese caso?), pero si va bien resulta que me quedo atado a mi inversión y puedo perder oportunidades de salir durante cuatro arbitrarios años. ¿Os imagináis a los inversores de BuyVip diciéndole a Amazon “oye, espérate un ratillo que ahora no te puedo vender”? ¿Qué se pretende evitar, que el inversor haga negocio? ¡Pues si eso es de lo que se trata! Eso sí, hace negocio mientras crea empleo, crea riqueza, genera impuestos, etc. Mire, si no quieren que se haga negocio, mejor denle el dinero a una ONG, pero luego no se quejen de que estemos donde estamos.

¡Ah, se me olvidaba! Durante esos cuatro años (bueno, o hasta que le apetezca al funcionario de turno) ten guardado en el banco como garantía la misma cantidad que te he concedido… Pues fenomenal, el sector público ayuda a los emprendedores con el mismo dinero que les sustrae por el otro lado. Y si eres fondo de venture capital y en ese tiempo se te acaba el periodo de inversión y te “comes” ese dinero, pues el negocio es ya redondo.

Sobre algunos de los criterios de valoración, es que ya me pone de mal humor comentarlos. ¡Los hay increíbles! Por ejemplo, a cuantas más asociaciones pertenezca el fondo o el business angel, más puntos tiene (viva el mundo del “eventismo”). Acuerdos, convenios y contratos varios también cuentan. Eso sí, sus éxitos como inversor no: si usted lo ha hecho bien antes, si es bueno en este trabajo, eso no suma, eso nos da igual. “Es que es muy difícil de probar eso”. Pues tampoco tanto: ¿por cuánto compró? ¿por cuánto vendió? Son dos preguntas. “Es que no nos interesa el dinero que el inversor hizo, sino lo que ayudó a las startups”. Ok, pues otras dos preguntas: ¿cuánto facturaba la empresa cuando usted entró? ¿Cuánto factura ahora? O algo parecido… pero no, la pregunta es a cuántos saraos está usted apuntado…

Unas pinceladas sobre el punto de vista del contribuyente, que me parece muy necesario, porque no es verdad que el dinero público no sea de nadie, como algún político ha sugerido, sino que es de los contribuyentes, tuyo y mío. Si las administraciones se dedican a regalar nuestro dinero a los inversores, al final tendremos una industria del capital riesgo fofa y abotargada, y eso no lo quiere nadie.
Primera premisa: ¡estamos hartos del mundo de las subvenciones! Algo más arriba decía que era un avance que el sector público compartiera el riesgo de la inversión, y que esa es la única manera de estimular al capital privado, mejorándole la TIR de su inversión. Pero que comparta el riesgo no quiere decir que no se pueda beneficiar del buen hacer de los profesionales en quienes, de alguna manera, delega la gestión de ese dinero. Si la inversión va bien, qué menos que recuperar el dinero con una mínima plusvalía, ¿no? Señores, que no es su dinero, ¡que es el mío!

En segundo lugar yo, contribuyente, quiero que el dinero se destine a capitalizar proyectos potencialmente viables, y no a que un fondo de capital riesgo tape sus agujeros en otros que van regular. Miren ustedes, contraten a una consultora especialista en estos temas, que las hay (yo les puedo citar varias) y cierren con ella un precio por análisis, que seguro que a día dey sale más barato que la plantilla de funcionarios que nos proponen en las bases. Que se presentan mil propuestas, pues mil análisis, y que los expertos valoren con una serie de criterios sencillos que proyectos son viables y cuales no, qué inversores son buenos y cuáles no, y punto. Y no hacen falta convocatorias, sino que se evalúa cada vez que aparece un proyecto.

Bueno, voy acabando. He trabajado para el sector público, conozco más o menos cómo funciona y sé positivamente que algunas de las cosas que aquí solicito son técnicamente imposibles a día de hoy, porque harían falta mil y un notarios que certificaran todo fehacientemente y hasta la extenuación. Sé el esfuerzo que habrán tenido que hacer los promotores de estas ayudas en el Ayuntamiento para sacarlas adelante, porque nuestro sector público es, para muchas cosas, como un diplodocus, y cuesta un congo ponerlo en marcha. Estuve en la gestación del plan de Red.es, con lo que lo sé de primerísima mano. Es un plan ciertamente positivo, novedoso y útil, y puede ayudar y mucho. Lo reconozco, y soy el primero que daré un aplauso a esas personas cuando se conceda la primera subvención. Son cuatro millones que en vez de acabar en vaya usted a saber qué manos, con algo de suerte servirán para poner un buen negocio en marcha

Pero no podemos engañarnos, y hay que decir las cosas como son: esto se queda muy corto, y adolece de nuestros errores de siempre, y no nos conformamos. Israel, EEUU y compañía no van por aquí. Hace falta más, y no solo más dinero, no. Sobre todo más flexibilidad, ligereza, ¡más confianza en el mundo privado! Señores, ¡que no están salvando el mundo! Que lo único que están haciendo es dar un buen uso al dinero que les hemos dado nosotros. El día que la administración funcione con esa mentalidad, habremos dado un gran paso.

Mientras, agradecemos este pequeño pasito, y vamos todos a dar buena cuenta de estas golosas subvenciones.

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