No soy invertible, a mucha honra - Loogic Startups
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Artículo realizado por Gonzalo Carriazo, Gerente de Inversiones en UNIR Emprende

gonzaloBueno, lo primero que he hecho ha sido asegurarme de que la palabra invertible estaba en el diccionario de la RAE… y sí, lo está. Yo acabé Teleco sin saber si era una palabra o un palabrejo, después de etiquetar con ella a decenas y decenas de matrices. En fin, ya podemos respirar aliviados. Una vez dicho esto, empiezo con lo que quería contar. Tras desaparecer las matrices de mi vida, no volví a escuchar esa palabra hasta que que leí a Luis Martín Cabiedes hablar de las startups «invertibles». Con el nuevo sesgo que para entonces caracterizaba mi vida, que no es otro que el del venture capital, la verdad es que no se me ocurrió pensar en matrices, sino que entendí perfectamente qué es lo que quería decir: se refería con ello a aquellas startups que, debido a sus proyecciones de negocio, son susceptibles de recibir financiación de un capital riesgo o similar.

Han pasado los meses desde entonces, incluso años, y la expresión parece que ha hecho fortuna (no sé si Luis pensó algún día que acuñaría una nueva fórmula), de tal manera que la escucho o leo en multitud de foros de emprendedores. Y no solo eso, sino que son muchas las ocasiones en las que yo mismo he tenido que explicar a un voluntarioso emprendedor que su proyecto no era invertible, y que debía buscar financiación en otro lugar. La cara que se les queda no suele ser buena: digamos que a nadie le gusta que le digan que no es «algo», que supuestamente debe ser bueno ya que da acceso a un océano de dinero… Pues bien, ha llegado el momento de decir que «no soy invertible, ¡y a mucha honra!».

¿Es mejor ser invertible? Pues, muy a lo gallego, debo decir que depende. Depende, básicamente, de ti mismo, de lo que quieras para tu vida. Para empezar, lo mejor, de verdad, es que tu negocio sea rentable; dicho en plata: que dé dinero. Y después, ¿quieres montar un negocio, online o físico o lo que sea, que pueda crecer durante años hasta ser un negocio sólido, que te permita en algún momento vivir holgadamente, crear empleo, y que te reporte una satisfacción profesional y personal suficiente, y que si quieres puedas en el futuro dejárselo en herencia a tus hijos? Si eso te parece aceptable… es más, si te parece un sueño maravilloso, la verdad es que ser invertible o no debe darte exactamente igual. No necesitas crecer desaforadamente, ni a toda velocidad, ni ofrecer una rentabilidad desmesurada, ni nada parecido. Quieres crear un negocio, generar riqueza… lo normal, como tantas pymes en este país.

Para la gran mayoría de la gente esto es más que suficiente; es más incluso de lo que muchos desearían. Y está muy bien. Repito: está más que bien. Significa luchar por construir algo nuevo, dar trabajo a la gente, crear riqueza para tu país… en resumidas cuentas, eso es emprender.

Sin embargo hay gente a la que eso no le llena. Desde el principio quieren crecer muy deprisa, lanzar algo que sea muy grande. Algo que se dispare como un cohete y que puedan vender en pocos años, para hacerse ricos y jubilarse, o incluso para volver a empezar con otra empresa, o para lo que sea. Estos proyectos son igualmente buenos, pero además sí son invertibles para un capital riesgo. ¿Por qué? Porque la naturaleza del negocio implica crecer mucho y muy deprisa, de tal manera que puede proporcionar la altísima rentabilidad que un venture capital necesita para que le salgan las cuentas. Encima el emprendedor no busca dejárselo a las generaciones venideras sino venderlo, con lo que su alineación con los inversores es total.

Pero, tal como lo estoy contando, puede dar la impresión de que estos últimos son como los billetes de quinientos, que es muy difícil encontrarlos. Y era verdad… hasta que llegó Internet. Internet posibilita estos gigantes meteóricos, ya que permite la escalabilidad de los negocios, incluso de aquellos que tienen un margen más bajo o no tienen barreras de entrada. Los estamos viendo todos los días: primero fue Yahoo, Amazon, Google… luego Facebook, y Twitter, y Groupon… Y en medio muchas otras, no tan grandes pero en cualquier caso enormes, con millones de clientes, facturando varios millones de euros a los pocos años. Y cada vez se construyen más rápido (Instagram, por ejemplo). En España también hay ejemplos: Groupalia, sin ir más lejos, esperaba facturar 100 millones de dólares en 2011, con un año y medio de vida. Antes el capital riesgo invertía en negocios con una barrera de entrada muy clara (una tecnología, una patente, etc.), pero ahora no hace falta, ya que sin esa barrera, pero creciendo rápido, se puede llegar a todo el planeta… gracias a Internet. Y eso nos gusta. Nos gusta, sí, pero no es mejor ni peor que el negocio para toda la vida. Es simplemente distinto, e implica habitualmente un planteamiento vital también distinto.

Pero entonces, ¿qué hace que negocios-para-toda-la-vida vengan ahora a buscar dinero al venture capital? ¿Por qué hay que decir a tanta gente que su idea no es invertible, y dejarlos en algunos casos con esa cara de frustración? Hay dos factores importantes. Uno, que no existe otro tipo de financiación. Antes uno construía su negocio, y para dar los primeros pasos pedía dinero al banco. Ahora pedir dinero al banco puede significar dar tus últimos pasos… y en cualquier caso es francamente difícil que lo consigas. Y en segundo lugar, también muy relevante, que este tipo de negocios vertiginosos está de moda, y parece que si montas algo que no va a tener trillones de visitas en dos semanas, ni millones de facturación en un año, no eres nadie. Y no es verdad; es más, la verdad es justo todo lo contrario: los negocios-para-toda-la-vida sois muy importantes, fundamentales, y si queremos sacar este país adelante, cruciales.

Y no quiero que se me entienda mal: los otros, los que sí explotan como cohetes, lo normal es que estén liderados por unos fuera de serie, fenómenos, dispuestos a toda clase de sacrificios para montar un negocio increíble en cuestión de meses. Para conseguirlo hace falta una ejecución tan sumamente perfecta que solo está al alcance de gente muy buena. Y querer hacerlo para ganar mucho dinero muy deprisa no solo es perfectamente lícito, sino que está muy bien. Es más, se está demostrando que la gente que lo consigue se vuelca más tarde en ayudar a otros a hacer lo mismo (los famosos business angels), con lo que se genera un ecosistema muy beneficioso. Lo único que quiero decir con este post es que esta no es la única manera de emprender, que se puede emprender de una forma más modesta, sin cientos de miles de euros de los venture capital, con facturaciones que no crecen al 75% anual… y sin necesidad de salir en TechCrunch ni de tener miles de tweets hablando de ti.

Ojo, que quizá tengas algo de suerte y des con la piedra filosofal de tu sector, y después de muchos años de duro trabajo acabes montando una gran multinacional… ¡fíjate en Zara!


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