Mucho de capital, y poco de riesgo | Loogic Startups
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Artículo realizado por Gonzalo Carriazo, Gerente de Inversiones en UNIR Emprende

Gracias a un tweet de Miguel Arias di hace unos meses con el blog de un tal Sriram Krishnan. Pese a su juventud, y a contar con un nombre impronunciable, el susodicho Krishnan es ya un viejo lobo de mar en el acelerado mundo de Silicon Valley. Un post suyo del pasado diciembre es realmente interesante… incluso cómico, diría yo. Enumera algunas de las mayores meteduras de pata llevadas a cabo por inversores de Venture Capital, y lo hace citando las frases con las que estos inversores despacharon a algunos proyectos que hoy son empresas impresionantes o, como mínimo, startups con valoraciones billonarias. Es gracioso leer, por ejemplo, que a los emprendedores de Airnbn les dijeron que nadie iba a querer tener a un extraño saqueando sus casas, y al equipo de Dropbox que no invertirían en su startup porque el almacenamiento es un negocio de escaso margen, un commodity.

Recomiendo su lectura para descansar un rato con unas buenas carcajadas (al leerlo no puedo evitar acordarme del vídeo de Steve Ballmer riéndose descaradamente del Iphone en el momento de su lanzamiento…). Pero las anécdotas del bueno de Krishnan pueden darnos para mucho más: nos sirven para reflexionar despacio sobre temas mucho más serios. Y no me refiero a nada trascendente, en plan la fugacidad del éxito, la vanidad, etc., ni siquiera en la línea que nuestro refranero popular tan sabiamente ha condensado en el archiconocido «quien ríe el último ríe mejor». No, me refiero a un tema mucho más técnico que tiene que ver con las inversiones en capital semilla, y que os planteo a continuación: ahora es fácil reírse de los inversores que dejaron pasar grandes oportunidades de negocio como estas ( y otras: Google, Youtube, etc.) pero, en su momento, ¡qué difícil es detectar estas oportunidades detrás de unos chavales que nos presentan un sencillo plan de negocio!

Un jefe que tuve en un fondo de venture capital me decía que nuestra misión no es localizar el próximo Google, sino «evitar que nos metan un gol». El próximo Google, me decía, es casi más cuestión de suerte que de otra cosa; evitar una mala inversión, sin embargo, es cuestión de hacer bien nuestro trabajo. Y cuando decía «goles» no se refería a todas las empresas del portfolio que no salen adelante, sino a aquellas para las cuales ese desenlace era predecible para un análisis bien hecho: porque el mercado es muy pequeño, el modelo de negocio equivocado, por su escasa escalabilidad, etc. La verdad es que lo sigo viendo así.

Porque «que no salen adelante» son la mayoría. Repasando estadísticas del sector en 2011, me encuentro con que el 64% de las desinversiones del año implicaron la pérdida total del dinero invertido por parte de los accionistas. Repítelo despacio, anda, para que cales en el sentido profundo de lo que estás diciendo: ¡el 64% de las operaciones de desinversión fueron un write-off puro y duro! Pues bien, esta es la realidad habitual a la que nos enfrentamos los que trabajamos en Venture Capital. Y en capital semilla ese porcentaje, lógicamente, debería ser todavía mayor.

Por eso fastidia escuchar frases del tipo de «el capital riesgo en España tiene mucho de capital, y poco de riesgo». Quien eso dice no tiene ni la más mínima idea de cómo funciona este sector. Ninguna, de verdad. Es la frase ocurrente cuando te deniegan una inversión, un consuelo fácil, una pataleta, pero no se acerca ni por asomo a la realidad. No, cualquier inversión de Venture Capital es de mucho riesgo, ya que tienes un 64% de posibilidades de perderlo todo. Y, repito de nuevo, en capital semilla ese número posiblemente sea mayor.

Pero es que además es de cajón: ¿cuál es la probabilidad de que un buen plan de negocio, con un buen equipo, se traduzca en una empresa que facture un montón de millones de euros? Porque no vale con que la empresa sea sostenible, o alcance el breakeven, o incluso nos genere unos dividendos interesantes. Eso le valdrá a otro tipo de inversores, pero no al venture capital, ya que aquí para empezar tenemos que compensar un 64% de defunciones. Por tanto el crecimiento del negocio debe ser tal que posibilite vender con unos múltiplos muy grandes. Pues bien, la calidad del business plan, la excelencia de un equipo, la existencia de comprador en el futuro… eso es lo que una buena propuesta de inversión, y una due diligence seria y profesional, pueden garantizar. Nada más. Lo demás -una excelente ejecución- lo pone el equipo… Y ni siquiera una ejecución perfecta garantiza el éxito, hace falta también una buena dosis de suerte, ya que hay miles de factores, muchos imposibles de prever al comienzo, que afectarán el desarrollo de la compañía: mercados, modas, competencia, legislación, etc. Y si todo sale como esperabas con la startup, todavía queda cerrar esa venta que diseñaste al principio, porque -y vuelvo a tirar de refranero- «el infierno está lleno de buenas intenciones», o más bien de buenas inversiones: invertir es muy fácil, eso lo hace cualquiera; lo difícil es conseguir después una buena desinversión. Entonces, ¿cuál es esa probabilidad de que todo salga como esperas? Supongo que te darás cuenta de que es muy baja.

Lógicamente, el capital riesgo profesional tiene que diseñar estrategias que permitan compensar esa baja probabilidad o, dicho de otra forma, ese alto riesgo, para hacerlo apetecible a los inversores y proporcionarles la rentabilidad adecuada. Pero más allá de esas estrategias, lo que debéis tener claro es que aquí en España, y no solo en Estados Unidos, el venture capital es realmente capital riesgo. Son esas estrategias (método, rigor… ¡matemáticas!), unidas a la experiencia cada vez mayor de los profesionales de la industria, las que consiguen que pese a ese riesgo tan elevado el VC siga creciendo en este país, y en circunstancias nada favorables. Es cierto que aquí en España aún tenemos mucho que demostrar (y en toda Europa), ya que la industria es aún muy joven, pero pensad que en Estados Unidos se hace venture capital desde hace más de 60 años, por lo que aún tenemos mucho recorrido.