Las crisis son efímeras. Lo que perdura son sus efectos - Loogic Startups
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Por Mario Dehter, fundador de es24.tv

Las crisis se diferencian de cualquier otro estado u escenario por tres atributos inconfundibles.

Uno: la Urgencia. Las personas solemos confundir lo importante con lo urgente y todo se transforma en un “gran problema” que necesita una solución inmediata; cuando sobreviene una crisis no se reconocen sus múltiples componentes y, mucho menos, se puede establecer cuál cosa es más importante que otra para salir del caos.

Dos: la Ingobernabilidad. Como parece que no hay tiempo para hacer nada, sobreviene una paralización casi absoluta; es un malestar físico y emocional, que a veces se manifiesta con un sabor extraño en la lengua, con o sin un incómodo cosquilleo sobre el estómago. Nada que podamos hacer lo hacemos, porque la sensación es que será en vano cualquier intento de salvar la crisis. Siendo todo “tan grave” y “tan urgente” no se sabe con claridad qué es lo que conviene hacer.

Tres: la Anomia. No existen valores, juicios críticos, ni normas capaces de contener nuestro comportamiento durante el breve lapso de tiempo que dura una crisis. Esto explica que en una catástrofe, algunas personas pasen sobre otras aplastándolas, intentando salvarse aún a costa de la muerte de los demás. El “instinto de conservación”, es uno de los ejemplos más puros sobre “la anomia” en momentos de crisis. Paradójicamente, es por la “anomia” (la falta de reglas) que se pueden lograr grandes innovaciones, debido a que desaparecen los paradigmas que condicionan nuestras percepciones y respuestas. En este sentido, es que las crisis constituyen buenas oportunidades. El anagrama chino “crisis” representa esto con claridad: crisis es amenaza y oportunidad.

Nadie, ni nada, sale de la misma manera como era o estaba antes de la crisis; se puede salir peor o mejor, pero nada es igual durante el proceso de gestación, el desencadenamiento y las consecuencias de las crisis. Durante la propia crisis, es cuando hay mayores peligros de resultar dañado, pero también se pueden provocar daños de diferente magnitud cuando no se gestionan con eficacia y eficiencia las estrategias para recuperase de las consecuencias nocivas que pudieran haberse provocado durante la crisis.

¿En qué fase de la crisis se encuentra España?

Medio país (España), aún no reconoce —o pretende no reconocer— que hace mucho tiempo se ha caído una pesada piedra sobre este país, y la otra mitad cree —o pretende hacer creer— que el cráter abierto por esa piedra tiene la dimensión y la dramática fuerza de un agujero negro que, como los del espacio, habrá de fagocitar todo.

La izquierda se ha vuelto liberal. Los liberales reclaman intervencionismo ya. Según cuál sea tu fuente informativa (desde la barra del bar, el telediario, el periódico o la blogosfera) vas a tener la sensación que habrás de morir en los próximos minutos o que serás eterno.

Hay tres recursos para salir de las crisis.

Uno. No desesperarse. Los grandes barcos no van contra las grandes olas, se encuadran para pasarlas por arriba. Los aviones no se caen porque toda su estructura es flexible en las turbulencias. Siempre que llovió, paró. El sol sale cada mañana. Una monda de 10 centavos no oculta al sol. Las personas podemos ser los factores o los fusibles de la evolución; todo es una cuestión de actitud, más que de aptitud. No sobrevive “el más fuerte”, sobrevive el mejor vinculado. No fracasan todos, tienen éxito los que pueden ver qué hay allá de “los promontorios”.

Dos. Reconocer que las causas y los efectos (directos y colaterales) no son la crisis. Si se confunden entre sí una y otra cosa, es altamente probable que se equivoquen las medidas preventivas para que no se repitan y las estrategias correctivas para reconstruir lo que pudiera haberse dañado.

Tres. Prevenir la próxima crisis, o lo que los sismólogos llaman “las réplicas del sismo”. Abandonar las prácticas de comportamiento que se desempeñaron antes de la crisis; porque de persistir en la forma de actuar, seguramente se habrán de repetir una y otra vez las condiciones que llevan a la crisis y que, antes o después, devengará en un desastre. Esto implica que hay que realizar una inversión en el aprendizaje de nuevos comportamientos, utilizando la información que la crisis puso en evidencia.

Seguramente la llamada “crisis subprime” ha precipitado la “crisis de la poltrona” en España; pero no es una explicación suficientemente comprensiva. Hay otras bases mucho más profundas de la “crisis de la poltrona”.

Mi perspectiva es que esta crisis tiene una base en las inciertas políticas, metodologías y contenidos del sector de la educación en España que nunca se ha puesto a la altura de la dimensión que tuvo que tener dentro la octava economía del mundo. Esto ha dejado un dramático hueco entre los recursos que se dispusieron y el conocimiento sobre qué hacer con ellos para generar riqueza con bases sólidas, autosustentable y en continua regeneración.

Más detalles en: “De los Andes a Despeñaperros”, “La crisis educativa de la educación para la crisis”, “Educación para antes de la crisis”, y “De esto no se habla”.

El precio de esta crisis será alto y duradero. Lo que a mi me preocupa, es el impacto negativo sobre las personas con inquietudes emprendedoras. Yo lo aprendí en la Argentina, lo comprobé en Chile y en Brasil: los emprendedores son quienes a largo plazo reparan lo que la crisis destruye. Si los dejas de lado: te bajas del planeta (esto es lo que sucede en la Argentina y la peor amenaza que ahora tiene España).

Por múltiples razones, muchas de ellas de carácter puramente subjetivo y vinculadas a cuestiones culturales, se amplía dramáticamente la brecha entre los intentos de emprender y los índices de fracaso. Fracasan mayor cantidad de iniciativas.

La consecuencia es la destrucción de cosas mucho más importantes que el crédito financiero. Se mella la autoestima y la autoconfianza de la gente; siendo que, ambos factores, resultan cruciales, fundamentales, inextricables, con la identidad y la intencionalidad emprendedora.

La buena noticia: sobrevendrá un nuevo día. Mejor que éste. El problema es tener la fortaleza de espíritu nacional y la grandeza cultural para colaborar entre todos, solidariamente para llegar al “día mejor” con la menor cantidad de personas perjudicadas por esta “crisis de mierda” (las cosas por su nombre, aunque huelan mal).


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