El apoyo público al venture capital

Artículo realizado por Gonzalo Carriazo asociado de Möbius Corporate Venture Capital.

En el artículo anterior nos preguntábamos cómo era posible que en Silicon Valley exista semejante despliegue de fondos de venture capital. Y no solo allí: el área de Nueva Inglaterra, con Boston a la cabeza, es otro exuberante jardín repleto de fondos de todos los colores y sabores (de hecho Boston y el área de la bahía de San Francisco son las “capitales” de sus respectivos imperios: el venture capital de la costa Este, y el de la Oeste).

En general encontramos esta industria ampliamente desarrollada a lo largo y ancho del país. ¿Qué se esconde detrás de este éxito? ¿Qué factores hacen posible un arraigo tan sólido de esta industria? ¿Cómo han salvado el problema del equity gap, es decir, el hecho de que la rentabilidad de los fondos exige el progresivo desplazamiento de su rango de inversión hacia cantidades cada vez mayores, desatendiendo así a las start-ups?

Lógicamente dichos factores son muchos y de distinta naturaleza unos de otros. Aquí me voy a fijar tan solo en uno de ellos: el apoyo decidido del gobierno a la industria del venture capital. La historia de dicho apoyo comienza en 1958. Ese año, que veía nacer la compañía Chupa Chups, uno de nuestros emprendimientos más internacionales, el Congreso estadounidense aprobó la ley que lanzaba el SBIC Program (Small Business Investment Company Program, algo así como Programa de Compañías de Inversión en Pequeñas Empresas). Dicho programa ponía literalmente las bases de la industria del venture capital en EEUU. Su misión era la de facilitar el crecimiento, expansión y modernización de la pequeña empresa estimulando el flujo de crédito y capital privados hacia la misma. El gobierno estadounidense había detectado que los emprendedores no tenían cómo financiarse, y decidió apoyar a aquellas instituciones que cubrirían esa necesidad y que aportarían a su vez dinero privado.

¿Cómo se estructura dicho apoyo? Dicho escuetamente, los fondos que acceden al Programa SBIC pueden recibir un préstamo federal por una cantidad de hasta tres veces su capital gestionado original, es decir, pueden llegar a cuadruplicar su tamaño. Dado que la comisión de gestión se calcula habitualmente como un porcentaje del dinero gestionado, el Programa posibilita que dichas comisiones sean considerablemente mayores, de tal manera que el fondo se puede permitir un equipo de gestión más grande que pueda atender el estudio en detalle y el seguimiento eficaz de más operaciones. La tasa de interés de dichos préstamos, alrededor del 8%, se encuentra muy por debajo de las exigencias del capital privado, es decir, el Programa actúa como un inversor adicional que se “conforma” con un retorno mucho menor. De esta manera la rentabilidad (TIR) que el inversor privado puede esperar aumenta, compensando los mayores riesgos que se asumen en las inversiones que se realizan en la franja aquejada por el equity gap, lo cual aumenta el número de inversores privados interesados, retroalimentando así el proceso. Entonces, ¿estamos diciendo que el origen del venture capital norteamericano, sinónimo para muchos de capitalismo, riqueza y glamour, se esconde tras un programa público? Sí señores, así es.

Para que nos hagamos una idea de las magnitudes que estamos manejando, desde el comienzo del programa ni más ni menos que 57,2 billones de dólares han sido invertidos en más de 107.000 pymes, un 38% de las cuales se puede calificar como verdaderas start-ups. Solo en 2009 los fondos SBIC destinaron 1.860 millones de dólares a 1.481 pymes estadounidenses, facilitando la creación o el mantenimiento de 42.300 puestos de trabajo. Compañías tan conocidas como las tecnológicas Intel, Apple o Palm, así como otras de sectores muy distintos como Federal Express, han sido participadas por fondos SBIC. La más beneficiada de todos ha sido, sin embargo, la propia industria: en el periodo comprendido entre 1994 y 2002, el dinero procedente del programa constituía ya únicamente el 8% del total de la industria nacional de venture. Sin embargo, en el mundo de las inversiones de capital semilla, los fondos provenientes del programa SBIC aún copaban el 64% del total.

¿Qué quiere esto decir? Pues que si bien la industria del capital riesgo resultaba ya entonces un sector desarrollado y maduro en el país, no por ello era inmune al problema del equity gap. ¿Quiénes permanecían sin embargo al pie del cañón? Entre otros, aquellos fondos apoyados por el gobierno gracias al programa SBIC.

Son muchos los países de nuestro entorno que, a la vista del éxito del ejemplo americano, han tratado de sacar adelante programas con objetivos similares (y en algunos casos diseños muy parecidos) acomodados a sus realidades nacionales. Reino Unido, Israel, Francia o Finlandia son solo algunos de los ejemplos más conocidos.

¿Y España? En España es cierto que se detectaron las ventajas del capital riesgo y se dotó al sector de un marco legal muy favorable. Pero en lugar de instrumentar apoyos análogos al Programa SBIC, la multisecular desconfianza de nuestros gobernantes hacia la gestión privada se manifestó en la proliferación de fondos autonómicos gestionados, directa o indirectamente, por el sector público, o en la creación de ostentosos instrumentos estatales que, bajo la apariencia de inyectar más dinero en el sector, únicamente han conseguido hacer desaparecer a los inversores del horizonte de los fondos privados. Y lo que se avecina ahora es terrible: leo sobre otro proyecto de “capital riesgo” estatal cuyo destino será, en caso de que su diseño definitivo sea tal y como me han transmitido varias fuentes, la desaparición del sector del venture capital español. Como siempre el lema inspirador es “en la Administración lo hacemos mejor, por lo que os vamos a decir lo que debéis hacer y cómo debéis hacerlo”.

Al ver estas iniciativas (que ya han dejado varios cadáveres por el camino) me pregunto por qué en lugar de apoyar a los fondos privados, tal y como se hace con éxito en muchos países de nuestro entorno (“facilitemos la tarea a los que saben cómo y dónde invertir el dinero”), se decide dirigirlos o incluso directamente competir con ellos, competencia en muchos casos insostenible para los privados. Personalmente alguna vez he tenido que renunciar a una operación porque los emprendedores traían la oferta de uno de estos fondos, con unas condiciones que para mí eran inaceptables… ¡para mí y para cualquiera que tuviera la intención de ser rentable!

Es cierto que el modelo creado por el Programa SBIC, como tal, es imposible de traer a España; se trata de países con culturas, legislaciones y economías muy distintas. Pero sí podemos tratar de adaptarlo como han hecho otros países, especialmente a la vista de sus resultados. Me consta que al menos lo hemos intentado una vez, básicamente porque participé en el experimento: hace unos años se diseñó un programa de apoyo al venture capital tras un largo estudio de las iniciativas similares y una cuidadosa reflexión en la que participaron todos los agentes implicados, pero tuvo que renunciar a ponerse en marcha porque llegó un momento en el que la burocracia estatal impuso su ley y lo ahogó entre sus innumerables vericuetos.

Mientras, los blogs especializados se hacen eco de la polémica generada por el último proyecto alrededor del capital riesgo en EEUU: AngelList, una red que conecta emprendedores con inversores y que ha sacado a la luz multitud de nuevos inversores con el dinero quemándoles en los bolsillos; para algunos, supone la entrada en escena de inversores poco especializados que ponen en riesgo el ecosistema de Silicon Valley; para otros, cuanta más gente se una a la comunidad de inversores, mejor para los emprendedores; hay quien ve peligroso el exceso de financiación que existe en la actualidad. En mi opinión pone de manifiesto una vez más el éxito de una iniciativa que unos olvidados funcionarios federales pusieron en marcha allá por 1958 con el objetivo de ayudar a los emprendedores. Para mí que han tenido buenos resultados.

4 respuestas a “El apoyo público al venture capital”

  1. Gracias por los comentarios… Mi intención es dar a conocer poco a poco algunos aspectos de esta industria, tan poco conocida y -en mi opinión- tan necesaria. Desde luego los comentarios ayudan a seguir!!! Gracias de verdad :-)

  2. Excelente post. Poca gente conoce el «origen» público del capital riesgo, aunque siempre he echado de menos una justificación a la prima que exigen ganar los fondos a tenor de la reducción de riesgo que supone compartirlo con el Estado. ¿Es un peligro que ahora haya gente a la cual el dinero le «queme» en los bolsillos? En mi opinión SI… no evaluarán bien el riesgo. Igual que la Administración cuando en España se empeña en ser ella la que decide qué proyectos se invierte y en cuales no.

  3. Muy interesante el post.

    La verdad que no tenía ni idea de esta «inyección» por parte del sector público en el venture capital estadounidense.

    Un saludo