Ave, César. Los que van a emprender te saludan | Loogic Startups
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Artículo realizado por Luis Núñez Canal, responsable de relaciones con los medios en everis.

luis-canalEmprender está de moda. Nos lo pintan tan bien, que son pocos los que jamás han sentido alguna vez la tentación de colgar la corbata, para cambiarla por unos vaqueros modernos y un iPad con los que zambullirse en el apasionante mundo de dar a luz una idea con la que, encima, ganar dinero y convertirse uno en su propio jefe.

Lo que está claro es que cuando el río suena, agua lleva. Si a muchos les está dando por tirarse a la piscina del emprendimiento, los políticos no paran de hablar del crucial papel que van a jugar los futuros nuevos empresarios en la actual coyuntura económica, y los educadores inciden en la necesidad de tener una vocación emprendedora, será por algo. El emprendedor no es sólo una persona que tiene una idea, lo deja todo y le da por ejecutarla. Es como un punto de apoyo para hacer palanca. Suele ser pequeño y pasa desapercibido. Pero, si se coloca en el lugar correcto y cuenta con el apoyo necesario, se convierte en una herramienta mucho más potente de lo que a simple vista aparenta.

Por tanto, si en un mundo basado en el crecimiento constante, se multiplican estas “palancas” que son los emprendedores, con la vocación de convertirse en herramientas aún más sofisticadas y eficiente como sus potenciales competidores o socios que son las grandes empresas, todo está dispuesto a cambiar más rápido, a evolucionar con más precisión y a satisfacer todos los vacíos en la curva de la oferta y la demanda. E incluso a crear nuevas necesidades.

Es una idea romántica y tentadora. Qué duda cabe. Pero, tiene una letra pequeña que muchos ignoran y no debemos pasar por alto. Comenzar un negocio es difícil, es duro y, en muchas ocasiones, supone tomar un camino que lleva a mal puerto. De hecho, la mitad de las pymes que nacen con vocación emprendedora no llegan a sobrevivir más de cuatro años. Los datos se imponen a las modas.

De hecho, tengo un amigo que hace un par de años lo dejó todo por ponerle puntos y ceros, htmls y jpg’s a una idea que tuvo con un par de compañeros del máster. Ganaron un prestigioso premio de emprendimiento, “levantaron” unos cuentos miles de euros para inyectarlos a su proyecto, lo dejaron todo y se metieron de cabeza a vivir por ello. La fortuna no les sonrió. Hace poco han tenido que echar el cierre.

Pero bueno, volvamos al tema de los datos. Lo bueno de los números es que son, como todo en esta vida, interpretables. Ya sabemos que el vaso puede estar medio lleno o medio vacío. De hecho, la otra mitad de los emprendedores sí ve crecer y madurar sus proyectos. Pero, de nuevo, tampoco les ponen una alfombra roja hacia el éxito.

Leía el otro día en el Twitter de Ángel Sánchez, la estupenda noticia de que en el mundo ya hay 103 países en los que se puede abrir una empresa en menos de veinte días. La parte medio vacía del vaso era que, por desgracia, España no es uno de esos países. Aquí, como en otras muchas partes, lo de emprender es una forma de vida. Montar un negocio es una vocación, escupir contra el viento esperando a que éste cambie, es una apuesta contra la banca cuando está cargada, es comenzar de cero cuando todo el mundo te dice que estás loco y, en muchas ocasiones, tienen razón.

Y aun así, muchos consiguen ver a sus retoños empresariales dar los primeros pasos e incluso son testigos de cómo acaban corriendo más rápido que los grandes. Son la otra mitad del vaso que muchos ven medio vacío. Un dato mucho más esperanzador que el que se produce, por ejemplo, en Sillicon Valley. Allí, los inversores se la juegan esperando que sólo un pequeño porcentaje de los proyectos triunfen. Y vaya que sí lo hacen. Pero aquí, en España, no tenemos por qué ser todos unos Mark Zuckerbergs. Cada día surgen cientos de ideas que ven la luz y que, sobre todo, suponen un granito de arena que ayuda a soportar esta mala racha a la que hemos denominado crisis. Los emprendedores crean la mayor parte del empleo que se genera en este país. Por tanto, lo de emprender, más que una moda, y por muy bien que nos lo pinten, realmente es una tarea difícil que contribuye a generar empleo y, sobre todo, a modernizar un mundo que necesita reinventarse a diario para seguir avanzando.

Para emprender hace falta tener algo parecido a la locura que tienen los pilotos de Fórmula 1, porque saben que se lo están jugando todo y a un así, siguen pisando a fondo. Tienen algo que también recuerdan a los intrépidos aventureros que hace siglos se lanzaban al mar a buscar tierras perdidas. Pero también tienen la suerte de poder crear algo de cero, de dar trabajo a quienes no pueden encontrarlo por sí mismo y, sobre todo, de darle algo al mundo que antes no había. Triunfen o fracasen, estén de moda o no, los emprendedores merecen todo el respeto del mundo. Son como gladiadores, que saltan a la arena en busca de fortuna y de gloria.

Lo bueno es que no se juegan tanto como los viejos romanos. Aunque todavía hay muchos que sólo buscan el apoyo de los FFF (Family, Friends and Fools-) que estén dispuestos a invertir en sus más o menos locas ideas, a día de hoy, el emprendedor de hoy en día cuenta con una fuerte cota de malla en forma de empresas que están dispuestas a arriesgarse de junto a ellos. También cuenta con el escudo que poco a poco se está generando en torno a ellos como los capitales semilla, que les acompañan a dar sus primeros pasos e incluso hay verdaderos ángeles caídos del cielo en el momento más oportuno. Yo trabajo en una empresa que apuesta por el emprendimiento tanto interno y externo. No sólo ayuda a los que estáis fuera buscando ayuda para sacar adelante vuestros proyectos, también nos da la opción de emprender con el apoyo de la compañía o a través de la fundación everis, que lanza como todos los años su Premio Emprendedores, cuya convocatoria de este año está abierta a todo el mundo hasta el 1 de junio. Si todas las empresas fueran iguales habría más emprendedores. También seríamos menos únicos.