Apostando por la economía colaborativa

Artículo realizado por Mireia More de IEBS

Intercambio de casas, coche compartido, bicicletas públicas, huertos comunitarios… Son ejemplos de una nueva modalidad de consumo y un sistema económico alternativo a los que conocemos: la economía colaborativa o consumo colaborativo cada vez representa una competencia mayor para los modelos tradicionales.

La economía colaborativa no es nada nuevo, sino que se trata de volver de alguna forma a los orígenes del consumo. El sentimiento de comunidad ha vuelto a cobrar importancia después de décadas de individualismo y se ha renovado la idea de bien común y el concepto de sostenibilidad.

Podemos resumir este nuevo modelo económico con una frase que publicaba El Mundo hace unos meses: “Compartir ha desplazado a competir como la palabra clave y ya no hablamos de propiedad sino de uso o acceso”. Se empieza a valorar mucho más la experiencia que el producto en sí, lo cual deriva en un auge del reciclaje y la reutilización. No solamente gastamos menos dinero compartiendo, sino que además detenemos, al menos en parte, la destrucción de nuestro entorno.
Vacíos legales y competencia desleal

Aunque en el término economía colaborativa podemos incluir desde mercadillos de segunda mano hasta espacios de trabajo compartidos o coworking, existen ciertas empresas basadas en este modelo que se encuentran actualmente en un limbo legal.

Muchas veces la intención de este tipo de empresas tecnológicas es innovar, de manera que en ocasiones no se ven amparadas por la regulación vigente por el hecho de ser tan novedosas. Además, no es un mal negocio: según publicaba el Diario.es, en los últimos años los ingresos que fueron a parar al bolsillo de quienes practican economía colaborativa superaron los 3.500 millones de dólares a nivel global.

Una de las empresas que más ha caldeado el ambiente ha sido Uber, una aplicación que pone en contracto a conductores con viajeros y que se autodefine como “la mejor alternativa al taxi”. Algunos colectivos como el Sindicato de Taxistas de Cataluña pidió su retirada y tildó a sus usuarios de “taxis ilegales”. Por el momento, algunas administraciones autonómicas como Madrid y Cataluña ya han impuesto cuantiosas multas tanto a la compañía como a los conductores. Si hablamos a nivel europeo, otra de las patronales de taxistas que se suman a las quejas es la de Londres, que ha pedido incluso que se paralice la legalidad de la aplicación.

Otro sector igualmente afectado por los nuevos modelos de negocio en transporte son los autobuses: La patronal Fenebus pidió el cierre de Blablacar, una plataforma que pone en contacto a conductor y viajeros para compartir los gastos del coche. Una denuncia que la compañía solamente ha recibido en España, a pesar de operar en 12 países.

A pesar de estas demandas por competencia desleal, la Comisión Europea de momento se ha mostrado contraria a prohibir los servicios de transporte en vehículos compartidos por particulares como Uber y Blablacar. Lo que tampoco ha hecho todavía, a pesar de los desbarajustes, es proponer una regulación hegemónica para los países europeos.

Pero la polémica no termina aquí: Según explicaba El Periódico, el mismo debate también afectó a Airbnb, una empresa de alquiler de pisos particulares a turistas. A pesar de ello, la empresa sigue funcionando y cada vez tiene más seguidores, tanto de caseros como de clientes.
Con el paso del tiempo, hemos visto que la situación de irregularidad de la economía colaborativa se ha ido estabilizando. No ha sido porque las empresas de la competencia tradicional se hayan rendido, sino porque el consumo colaborativo está proliferando y cada vez va ganando más terreno entre los consumidores. Las nuevas empresas de Internet lideraras por emprendedores han empezado a poner manos a la obra en lo que respecta a economía colaborativa y están creciendo rápidamente. En un futuro cercano se harán con una enorme parte de la cuota de mercado, mientras que la economía tradicional tendrá que darse prisa porque el consumo colaborativo ha llegado con fuerza.

Mireia More. Periodista inquieta. Hago entrevistas, reportajes y alguna crónica libreta y bolígrafo en mano. Puedes leerme en y escucharme por la radio de vez en cuando.