A innovar se aprende en una startup | Loogic Startups
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Artículo realizado por Maria Amparo Camacho Assistant manager at Startup Academy Madrid.

Según un reciente artículo de Forbes, solo 1 de cada 10 nuevas empresas creadas será capaz de sobrevivir. Entre las razones que se aducen para esta estadística tan poco alentadora se encuentran “sospechosos habituales” como estar demasiado enamorados de nuestro producto (y dar por sentado que hay un mercado para él), no saber gestionar bien el crecimiento, y no contar con un equipo versátil capaz de adaptarse a los avatares de los primeros años de una startup.

Así las cosas, parece que las posibilidades de éxito de una startup para lanzar un nuevo producto o servicio al mercado son bastante escasas.

Sin embargo, este porcentaje es realmente bueno si lo comparamos con lo que ocurre cuando una empresa madura intenta lanzar nuevos productos radicalmente innovadores al mercado, pues según afirmaba nada menos que Harvard Business Review citando un estudio de Corporate Strategy Board, el 99% de las empresas consolidadas fracasaba en su intento.

¿Por qué? Si hay algo que hacen bien las startups es estar en permanente actitud de descubrimiento, buscando necesidades, problemas y oportunidades y planteando nuevas soluciones que lanzar al mercado, aprendiendo si no funcionan, y cambiando su propuesta todo lo que sea necesario. No siempre son buenas en encontrar la forma de ganar dinero, de ahí la tasa de mortalidad.

Pero cuando una empresa crece, el éxito se mide en términos de los beneficios que es capaz de generar, no en su capacidad para descubrir y crear, porque cuando ya sabemos cómo ganar dinero cuesta mucho más arriesgar.

Como dice Eric Ries en su libro The Lean Startup, “una startup es una agrupación temporal de personas en busca de un modelo de negocio, lo más rápido posible, antes de quedarse sin dinero”, por tanto, una startup no tiene nada que perder y sí mucho que ganar arriesgándose.

¿Quiere decir eso que una empresa madura no puede innovar de forma radical? No exactamente (aunque las cifras hablan por sí mismas), pero sí podemos aprender de la forma en que las startups se enfrentan a la necesidad de innovar.

Para empezar es necesario reconocer y aceptar los límites de la organización y cómo nos están impidiendo innovar. En ese sentido, los retos que la transformación digital plantean para las empresas y sectores más tradicionales son un aspecto clave a tener en cuenta.

Por otra parte, es esencial permitir y aún más, fomentar, que existan equipos de personas que funcionen con objetivos, indicadores, procedimientos y mecánicas distintas al resto de la organización (ya sabemos, que si no hacemos cosas diferentes nunca vamos a tener resultados diferentes).

También es necesario aceptar que la innovación más disruptiva no surge de la noche a la mañana, pues cuesta desaprender dinámicas poco favorecedoras de la innovación y, sobretodo, generar nuevas interacciones entre las personas.

Todo ello se puede aprender, y es mejor hacerlo en un entorno controlado y acompañados por personas que lo han hecho antes y con éxito. Por esta razón, Startup Academy, programa de formación para profesionales digitales, plantea la fórmula de la startup como marco de aprendizaje para desarrollar y lanzar productos y servicios innovadores en internet.

Por este curso, que inicia su próxima edición en abril de 2015, han pasado personas emprendedoras pero también, y sobretodo, profesionales en activo que son conscientes de sus limitaciones para innovar en el contexto digital y han aprendido a hacerlo en un equipo multidisciplinar, fuera del marco corporativo, incorporando las metodologías más novedosas en gestión de proyectos y desarrollo de productos.