
Los códigos QR no son nuevos, tienen casi tanto tiempo como internet, que ya nos parece de toda la vida. Para los que no se han topado nunca con los códigos QR, son esos mosaicos de cuadraditos dentro de un marco cuadrado, que en realidad son como códigos de barras de dos dimensiones que contienen información.
El que podeis ver aquí al lado lleva mis datos. Si no teneis lector de estos códigos QR ya estáis tardando. La tecnología viene de Japón, y su inventor ha decidió que todo el mundo pudiera usarlo sin pagar derechos de patente. (Algún día tendré que hablar de licencias y patentes).
Aunque en su país de origen, y seguro que en muchos sitios más se utilizan como algo habitual, en España es difícil verlos pero desde hace poco se están introduciendo en vallas publicitarias y sitios web. La innovación está en el uso que les demos. Estos códigos de barras pueden almacenar textos breves, direcciones web o enviar SMS con un programa lector que sea capaz de entenderlos.
Ya hay empresas que lo utilizan como la compañía aérea Vueling para realizar la identificación del pasajeros. El sistema permite incluso realizar compras (lo he visto en la venta de entradas de algún concierto).
Los códigos QR son algo innovador, pero el valor real está en primer lugar en para qué se utilizan, y en segundo lugar en lograr que todos los ciudadanos dispongan de un lector de QR en su móvil. De momento los que lo tienen más fácil (por la simplicidad de búsqueda, descarga e instalación de aplicaciones) son los iPhone y los Android, pero esto es una pequeña parte de la población.



