Por Iván San Martín, fundador de Catódicos.

El año 2008 será un año crucial para la industria televisiva. En lo que a producción se refiere está siendo atípico. Arrastra del año anterior la huelga de guionistas. Los guionistas pedían percibir un porcentaje de los beneficios que se obtienen de los nuevos medios, como las ventas de episodios y al no conseguirlo fueron a la huelga. Todas las series suspendieron su producción. Las que habían empezado a emitirse como Heroes acortaron la temporada. Otras como 24 retrasaron su vuelta hasta una fecha sin concretar. Los guonistas creían tener fuerza suficiente para ganar el pulso, pero las televisiones programaron realitys en lugar de series y el espectador no parecío notar la diferencia, por lo que los guionistas van perdiendo fuerza día a día.

Es difícil creer que en la mejor época de la ficción televisiva un espectador acostumbrado a ver The Wire se conforme con ver a un señor holgazaneando en un sofá. Lo que sucede realmente es que el espectador ya no necesita la televisión para disfrutar de la mejor ficción televisiva.

Desde el año 2004 estamos cambiando la forma de consumir televisión. Aquel 2004 se estrenó Perdidos y ocurrió algo sin precedentes. Gente de todas partes se enganchó con la historia de los supervivientes del vuelo 815 de Oceanic Airlines a pesar de que ninguna televisión lo emitiera en su pais. En muchos grupos de amigos pasaban de mano en mano los DVD con aquellos primeros capítulos en los que el humo negro nos tenía pegados al sofá durante 45 minutos. La serie se convirtió en motivo de charla y discusión tan habitual como un partido de fútbol. Traspaso la frontera de la emisión tradicional y se convirtió en la primera serie global.

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