Por Javier Martín el 2 Febrero 2008

Cientos de miles debieron de ser los medios y blogs que ayer dieron la noticia de la oferta de compra de Yahoo por parte de Microsoft, por un precio de 44.600 millones de dólares equivalente a comprar sus acciones a 31 dólares frente a los 19 dólares a los que cerró su cotización el jueves (un 62% de prima)
Está claro que estamos en ante un notición, que afectará considerablemente al futuro de muchos de los servicios web que usamos a diario y seguramente podría traer algo de luz al monopolio que Google ha logrado con su sistema de publicidad contextual.
Más allá de todas las implicaciones que supondrían la fusión o absorción de Yahoo por parte de Microsoft a mi lo que me gustaría destacar es que una oferta de compra no es más que el principio de un proceso que puede ser muy largo y que nos pueda hacer pasarnos todo el año 2008 pendientes de qué pasará con Yahoo.
Creo que un tema fundamental en todo esto es que Yahoo cotiza en bolsa y por lo tanto esta operación no es solo cuestión de que Microsoft quiera comprar Yahoo sino que entran en juego muchos factores derivados de ser una empresa cotizada. Y para mi el factor más determinante va a ser el precio. Las acciones de Yahoo cotizaban hace unos meses a 35 dólares y en tiempos de la burbuja llegaron a los 150 dólares. Con variaciones de precio como esas el que Microsoft esté ofreciendo 31 euros por acción no es garantía de nada (ayer las acciones de Yahoo subieron casi un 48% y cerraron a por encima de los 28 dólares).
Es una locura pensar que una gran corporación de medios pudiera lanzar una oferta mejor que la de Microsoft? Y si lo hiciera un gigante de las telecomunicaciones? Tal y como está el sector bancario veo difícil que un banco entre el la competencia por Yahoo pero creo que podría haber algunas empresas de otros sectores con capacidad de mejorar la oferta de Microsoft.
Por Javier Martín el 30 Diciembre 2007
En pocos días he conocido la existencia de problemas y tensiones internas por el reparto accionarial entre los fundadores de dos empresas distintas que acaban de recibir inversión. En ambos casos ha sido la entrada de capital externo la que ha provocado que surgieran esas tensiones, seguramente al ver los inversores que el reparto accionarial entre los fundadores de la empresa no era adecuado.
Diego Mariño, fundador de think in grid, que pronto anunciará que ha recibido inversión, lo ha explicado perfectamente en su blog y tengo la idea de que en el caso de la otra empresa ha sucedido algo bastante similar.
Me consta que no hemos sido los primeros en cometer el error de “si somos n socios, a cada uno le corresponde el 100/n de la sociedad”. Ayer, tras 2 años y miles de euros no presupuestados originalmente, pudimos acabar con esta situación (que también era una condición de inversores privados para entrar en la sociedad).
Creo que esta situación se puede estar produciendo en muchos otros proyectos de internet y tecnología. Un grupo muy reducido de personas (entre una y tres) tienen la idea y comienzan a ponerla en marcha, se dejan la piel en ella pero ven que no pueden llegar a todo y deciden dar entrada a otras personas en el proyecto. La forma de “remunerar” a esas nuevas personas es por medio de una participación en el accionariado y ahí es donde llegan los problemas.
Me parece que en ambos casos lo que ha acabado sucediendo es que el/los emprendedores más implicados en el proyecto han tenido que hacerse fuertes y dejar bien claro quién es el precursor del negocio, para esto es imprescindible que esa/esas personas sean los accionistas mayoritarios en la empresa. Una vez hecho esto ha sido cuando en ambos casos los inversores han visto que era el momento de aportar el dinero para hacer crecer los proyectos.
Estoy seguro que muchos de nosotros cuando empezamos un proyecto sin tener una inversión inicial no le damos importancia al reparto accionarial en el proyecto, pero vistos los tiempos que corren y la cantidad de inversiones que estamos viendo en startup’s va siendo hora de que nos lo planteemos si no queremos tener el problema del que acabamos de hablar.