Durante el mes de agosto prácticamente no hay clientes que atender, así que además de aprovechar para estar de vacaciones, aprovechamos para hacer cosas de proyectos internos entre piscina y piscina o similar.

Ahora toca volver al trabajo constante (perdón por los que no habeis tenido vacaciones), y como cada nueva temporada me surge una pregunta respecto a mi capricho profesional. Antes de seguir voy a definir lo que considero capricho profesional.

Se trata para mí de un proyecto empezado con mucha ilusión y mantenido con mucha tenacidad pero que no sólo no aporta un euro al negocio sino que además te quita tiempo y a veces te da remordimiento de conciencia pensando que deberías dedicar ese tiempo a algo más productivo.

¿Merece la pena mantener esos pequeños proyectos improductivos? ¿Puede ser la ruina del emprendedor mantener este tipo de proyectos?

Me he respondido que tener un proyecto capricho no sólo no es malo, sino que es bueno siempre que no absorba demasiados recursos de tiempo y casi ningún recurso de dinero. Uno de los principales motivos de éxito de los proyectos es la perseverancia, tener el objetivo claro y adaptar el proyecto continuamente a la situación del entorno. Todas estas cualidades se ponen de manifiesto en el proyecto capricho, y lo podemos considerar como una especie de “entrenamiento” para mantenerse en forma de cara a los proyectos que generan negocio.

En ocasiones, además, el proyecto capricho adquiere popularidad entre el público y es un escaparate del emprendedor, lo cual siempre es bueno.

Así que aquí estoy estos días dedicando algunos ratos a mi proyecto capricho (hablamos de él en los comentarios si quereis), el cual estoy convirtiendo en escaparate de una nueva oferta de negocio para la empresa, y así acallar a mi conciencia por dedicarle tiempo, mientras atiendo a los clientes que antes han vuelto de sus correspondientes vacaciones.