Con la explosión comercial de los ordenadores, todos tenían su aplicación de ofimática para escribir. Con la llegada de internet y su expansión, cada ordenador tenía una copia de un programa lector de correo. Microsoft consiguió acaparar ambos.

Con el tiempo las redes locales empresariales se extendieron, y se empezó a pensar que el software individual para todo no era lo mejor. Se empezó a implantar un sistema de servicios en red dentro de redes locales de empresas, desde sistemas de identificación a aplicaciones de correo electrónico.

La expansión del software libre por internet puso a disposición de todo el mundo cientos de miles de programas para que cada uno se lo instalara en su ordenador o en su servidor web.

El temor por la seguridad hace volver a muchos al planteamiento de que las aplicaciones no pueden estar lejos, pero Microsoft para entonces ya dispone de su Office on-line para empresas y de su Outlook vía servidor.

Google arrasa con el modelo centralizado como con Gmail o el servicio de blogs.

Ahora se empieza a hablar de algo más o menos sofisticado, el Cloud Computing, programación distribuída o fuerza colaborativa en red, todavía no demasiado extendido. Y las empresas enfocadas en “productos” que engarzan con internet se dan cuenta de que no pueden vivir sin ofrecer “servicios” a pesar de que se consideren una empresa de producto.

Metocube pasa de ser una aplicación a ofrecerse también como SaaS. Así llegará a más clientes. Proliferan las pequeñas aplicaciones de servicios on-line como las de facturación.

La web 2.0. es la experta en centralizar aplicaciones / servicios (se pierde la distinción entre una y otra cosa) en un servidor remoto que a nadie le importa donde esté mientras yo pueda hacer lo que quiera.

Last.fm, la música mediante selección, centralizada, ya no necesito mi mp3. Pero en esta fase de llevárselo todo a internet, a un disco duro remoto que hace de central de medios, incluído para nuestra información más preciosa como las fotos o los datos que siempre hemos tenido en nuestro propio disco duro, surge Spotify, una aplicación de escritorio para escuchar música. ¿Last.fm o Spotify? Tal vez los dos.

Pero ya hace meses que se habla de Adobe Air, es decir, meter las aplicaciones web en los ordenadores de los usuarios. Y los discos duros externos para casa están de moda.

¿Existe una tendencia actual? Yo creo que no, que ahora todas las posibilidades conviven, las aplicaciones centralizadas y las particulares.

Ya no existe una diferencia radical entre ellas, porque cada vez más lo que importa es el servicio. Dos ejemplos de los múltiples que podría poner: el disco duro externo pero con servicio de copia de seguridad on-line. Tu aplicación de música pero un servidor central.

Cuanto más avanzamos los modelos de las aplicaciones  y los servicios dejan de ser paradigmáticos y se van entremezclando, en definitiva surgen formas de hacer negocio nuevas, diferentes y variadas.