No es un chiste gracioso, es la realidad de alguien que conozco. Y no doy más detalles porque no es plato de buen gusto.

Un emprendedor de cierto éxito como freelance en el mundo de la comunicación se ha visto obligado a trabajar media jornada como teleoperador. Trabajo tan digno como otro cualquiera, pero sinceramente un poco traumático para un emprendedor que está acostumbrado a ser proactivo, decisivo, ejecutor.

Espero que su situación no dure ni un año, que es el plazo que se ha dado para volver a vivir del trabajo que le gusta y que tantos éxitos le dio. Y estoy seguro que sabrá analizar los motivos de la caída, aunque básicamente se reduce a que concentraba la mayor parte de la facturación en muy pocos clientes y la crisis ha cogido de lleno a estos clientes. No me meto más allá porque no es de mi incumbencia ni pretendo dar lecciones de nada.

La concentración de facturación es algo que difícilmente se puede evitar si te llega el caso. Igual que te hace crecer de golpe te puedo hacer caer de golpe. En este caso concreto me consta que el exitoso emprendedor invirtió en independizarse económicamente de sus principales clientes, pero no llegó a tiempo de consumar su intento.

Todos los que caímos alguna vez sabemos que es más satisfactorio levantarse y alcanzar el éxito (vivir de nuestro propio trabajo, no hablo de hacerse millonario), que la satisfacción de éxitos pasados. Es como un mono interior, a veces nos viene bien tener dificultades (no digo caerse del todo) para saborear con mejor gusto el salir adelante. A lo mejor es que somos un poco masoquistas.

En fin, mis mejores deseos para todos aquellos emprendedores y autoempleados que en estos días están con el agua al cuello y han tenido que buscarse el trabajo por otras vías que tenían ya olvidadas como la cuenta ajena.

Volviendo al tema de la dependencia de unos pocos clientes, os podría poner otro ejemplo de una empresa de unos 20 empleados que le ha pasado algo parecido aunque mezclado de otras cuestiones más complejas, pero cuya realidad era que dependía en exceso de muy pocos clientes. Tampoco debo dar más datos así que no pregunteis.

¿Cuándo podemos considerar que estamos perdiendo el equilibrio en nuestra facturación? Quizá un 20% de clientes que suman el 80% de la facturación… en realidad no hay una cifra ni unos porcentajes concretos. Si nuestro beneficios empresariales (ahora hablo como empresa, no como autónomo) equivalen al beneficio que aportan uno o dos clientes, no pasa nada por perderlos, porque seguiremos manteniéndonos sanos.

Ahora bien, si el 30% de nuestra facturación para cubrir gastos (incluidos nuestros sueldos) depende de uno o dos clientes, sí que es preocupante o al menos para planteárselo. Esperad que echo unas cuentas…. os tengo que dejar que tengo que ponerme a diversificar nuestra facturación…