Los estudiosos de la resistencia al cambio en los trabajadores de una empresa, y en particular al uso de una nueva aplicación saben muy bien que deben informar y convencer al empleado antes de darle la nueva herramienta si quieren que la implantación tenga éxito.

Ayer en el SIMO me ofrecieron información de un producto con el reclamo “¿estás seguro que no lo necesitas?” y eso me atrajo a investigar más. Cuando lo he hecho me he confirmado en mi idea inicial, ahora no lo necesito o no me compensa.

Hace unos meses decidí actualizar de versión el Ubuntu de mi portátil, aunque no me hacía falta para nada y acabé por estropear algunas de las funcionalidades que más usaba.

A la hora de compartir información con terceros de forma constante para trabajar sobre un proyecto concreto hemos utilizado distintos sistemas con cada proveedor, pero lo más habitual es el correo electrónico tradicional, Google Docs,  y en algún caso grupos de correo o Basecamp.

La experiencia nos ha demostrado que en cada caso lo mejor era utilizar el sistema con el que nuestro proveedor o cliente está más cómodo, sin necesidad de disponer de una herramienta de organización especial.

Ahora que vamos a trabajar en un área de Loogic tres personas me he planteado la utilidad de usar una herramienta que organice la comunicación entre nosotros y de nosotros hacia los clientes analizando el feedback de los mismos y actuando en consecuencia (un CRM), y la rápida conclusión es que de momento no nos merece la pena el proceso de aprendizaje ni la demora en el tiempo de uso de una nueva aplicación para este fin.

Hace un rato me he puesto a probar aplicaciones para la realización de mapas mentales, y rápidamente he visto que me hacían perder tiempo y que me gusta más mi cuaderno y mi lápiz (lo digo de forma literal, un cuaderno y un lápiz de grafito o en su defecto un portaminas del 0.7, siempre de dureza 2B).

Muchos también conoceis la debilidad de Javier por determinado tipo de cuadernos o agendas y no tengo que preguntarle para saber que no lo va a cambiar por una aplicación de ningún tipo.

La reflexión es si realmente necesitamos el software que nos ofrecen. Debemos saber cuándo el uso de una aplicación nos va ayudar y nos va a hacer más eficientes y cuándo el efecto no va a ser positivo.Y el que en un momento dado rechacemos la utilización de una aplicación, no significa que nunca más nos pueda interesar.

Sería una buena idea al comienzo de cada curso de trabajo repasar las aplicaciones que usamos y los procedimientos que usamos para la gestión de nuestro negocio y si podemos mejorarlo con alguna aplicación que hasta ese momento no usemos, o cambiar o dejar de usar alguna aplicación que hasta ese momento estemos usando.